El recital del Fútbol Club Barcelona ayer en el Santiago Bernabéu sirvió para sentenciar la Liga española a favor del equipo que mejor juego realiza en Europa. Para acabar con el bochornoso y ridículo espectáculo de nuestros compañeros en la prensa de Madrid de las últimas semanas. Para que el conjunto blanco abriera los ojos ante una realidad ineludible camuflada detrás de dos títulos ligueros. Pero sobretodo, también, para reivindicar la figura de unos de los mejores futbolistas de la última década, menospreciado injustamente en ‘Can Barça’: Thierry Henry.

El francés llegó al Camp Nou en el peor momento posible, cuando ni el propio Barcelona era consciente del estado crítico de un proyecto triunfal que venía de un año en blanco considerado un accidente por la “autocomplacencia” de todos. Pero Henry llegó para salvar lo insalvable. El equipo de Frank Rijkaard había tocado fondo y el ex del Arsenal se convirtió en uno de los blancos de la ira de la culerada, entre otros motivos, por ser el capricho de un Joan Laporta que vivía sus horas más bajas al frente del club.
Es cierto que ‘Tití’ no llegó en un buen estado físico tras meses parado por una lesión. Pero tampoco ayudó en su recuperación encontrarse con un equipo viciado por una poca ética de trabajo que le impidió recuperar el tono. Encajonado en la izquierda, en un equipo sin verticalidad ni profundidad y lejos de encontrase bien consigo mismo, vivió uno de los peores años de su carrera y las constantes comparaciones con “el Henry del Arsenal” acabaron para hundir a un jugador que sólo estuvo al nivel medio del equipo, y que marcó 19 goles…

Henry le debe tanto a Pep Guardiola como a Arsene Wenger. Cuando todos clamaban por su traspaso, el flamante técnico azulgrana confió en sus posibilidades, y, pese a no cumplir su promesa de ubicarlo en punta de ataque tras decidir quedarse con Samuel Eto’o, el francés no le ha fallado. Ha demostrado que en buena forma y rodeado de un equipo que funciona es uno de los delanteros más determinantes de Europa. Cerca de cumplir los 32, ‘Tití’ no tiene la velocidad “de el del Arsenal” pero le sobra calidad, inteligencia y definición para seguir logrando goles decisivos. Y van 26 en lo que va de temporada.
No por casualidad, el galo es considerado por muchos ‘supporters gunners’ el mejor jugador de la historia del club, por delante de leyendas de la relevancia de Tony Adams, Ian Wright, Liam Brady o David Rocastle. Sus números con los londinenses asustan y sirven para ejemplificar el impacto de ‘Tití’ con datos irrefutables más allá de la indescriptible plasticidad de sus goles. Henry es el máximo goleador de la historia del club con 226 tantos, y el tercer máximo de la Premier por detrás de Alan Shearer (260) y Andy Cole (174), pero con la particularidad de ser el único capaz de lograrlos todos con una misma camiseta. El francés ganó, entre otros títulos, las Ligas de 1998, 2002 y 2004 y si no consiguió nunca el Balón de Oro fue porqué la mejor época de los Arsene Wenger no se prodigó por Europa.

Quizá muchos de los que halagaban a Henry en verano de 2007 y han pasado casi dos años criticándole por su supuesto bajo rendimiento y sus formas sobre el terreno de juego no le habían visto demasiado jugar en el Arsenal. La autosuficiencia, la sensación de jugar al trote y no meter nunca la pierna que tanto les desesperó son las señas de identidad de un jugador sabedor de sus cualidades y que con las cosas en su sitio ha demostrado que sigue siendo determinante y una pieza fundamental para comprender el éxito del Barça de Guardiola, Messi, Xavi, Iniesta y compañía. Ahora, además de reconocerle los méritos, por favor, discúlpense con Thierry Henry.
Escrito por ceskovic 
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