Los valores del Arsenal

Dídac Peyret firma en El Periódico una impecable disección de la filosofía ‘Gunner’ en la era Wenger, para esporádicos del fútbol inglés.

Wenger marca el camino hasta el punto de que nadie se imaginaría a este equipo sin el técnico francés

Si la grandeza de un equipo se midiera por el juego, ajena a la jerarquía que conceden los títulos, el Arsenal sería el único equipo capaz de disputarle ahora el trono europeo al Barça. Concebido con jóvenes promesas y alejado del pragmatismo imperante, emerge como un factor singular de nuestro tiempo. Pocos clubs respetan licencias tan románticas como mantener en el cargo el mismo entrenador más de una década. Pocos equipos mantienen un compromiso tan grande con el espectáculo. Menos aún si los resultados, como ha ocurrido en los últimos años en el Arsenal, invitan a la agitación.

El fútbol exige preguntas para crecer (qué quiero ser, a qué quiero jugar) y el Arsenal responde con firmeza a todas estas cuestiones bajo el liderazgo casi fundacional de Wenger. Los grandes clubs se distinguen por una identidad fácilmente reconocible. En el Barça, por ejemplo, existe un pensamiento único sobre la idea del buen fútbol, solo concebido desde el trato delicado al balón. En el Milan, en cambio, veneran conceptos como la presión o la estrategia defensiva.

Arsène Wenger marca el camino. La importancia del francés es tan grande que nadie se imagina el Arsenal sin él. Irrumpió en Highbury en 1996 para refundar el discurso futbolístico de un club históricamente reñido con el espectáculo. Wenger estableció un nuevo vínculo con el aficionado gunner a través de un fútbol amable, encomendado al toque, de aire juvenil, lleno de dinamismo. Y lo hizo desde la seducción del discurso pedagógico primero –convenciendo a jugadores y afición– y más tarde con resultados visibles (campeón de la Premier en 1998, 2002 y 2004). Al habitual compromiso con el esfuerzo del jugador inglés, le ha añadido un conocimiento táctico superior y mayor disciplina en algunos hábitos alimenticios. Su ascendencia además va más allá de los terrenos de juego. Wenger es el ideólogo de un club basado en jóvenes jugadores y ventas millonarias. Ese ha sido uno de los puntos fuertes de su gestión: ha comprado muy bien y ha vendido mejor.

El club se ha asegurado un proyecto duradero pese a los constantes cambios en la plantilla. Wenger rompe con el tópico de que la única forma de competir es con inversiones millonarias y ahonda en valores como compromiso (ahí están los ejemplos de futbolistas como Henry o Cesc), aprendizaje o paciencia.

Cesc lidera un presente ilusionante. Fàbregas es de esos jugadores que te aseguran una forma de jugar reconocible y un modelo duradero. Junto al catalán, Wenger cuenta esta temporada con un conjunto joven pero de gran calidad. “No recuerdo haber entrenado un Arsenal con tanto talento”, lo dice Wenger. Y es algo a tener muy en cuenta viniendo de un hombre que ha entrenado a futbolistas como Bergkamp, Vieira o Henry.

El Arsenal asombra por su capacidad goleadora por lo que verlo jugar es una gozada. Mantiene el ritmo abrumador de la Premier, pero aclara el campo con la pausa de futbolistas como Cesc, Arshavin o Nasri. Ataca con precisión quirúrgica con balón y no se destempla cuando lo pierde. Song y Diaby ejercen de ancla defensiva y juegan fácil para que los peloteros marquen el ritmo. Ahí está también la irrupción de Vermaelen, central de toque fichado del Ajax; Gibbs, un portento físico en el lateral izquierdo, y Fran Mérida, otro centrocampista llegador con ADN Barça. Los intangibles que desprende el Arsenal junto a la calidad de sus grandes activos aseguran un equipo capaz de competir aunque debe ser más consistente en los partidos clave. El regreso de Van Persie, en abril, será un factor diferencial.

El Arsenal está obligado a preguntarse si es suficiente con dar espectáculo sin ganar títulos en los próximos años. En este sentido el futuro del máximo accionista Stan Kroenke marcará el devenir del club. El estadounidense está muy cerca del 29,99 %, un nuevo escenario que le obligaría, por ley, a hacer una oferta de compra por el club. Mantener algunos referentes como Cesc debería ser uno de los objetivos más inmediatos, pero el club aún genera menos ingresos que sus grandes rivales. Sus dos grandes patrocinadores son Nike y Emirates con 33 millones de dólares al año, mientras, el Manchester genera 60,8, casi el doble con Nike y AIG.

Habrá que ver ahora quién se mueve mejor en el contexto de crisis que azota la Premier. Con deudas históricas de Manchester, Chelsea y Liverpool, apuesten por la gestión del Arsenal, un ejemplo de club moderno. Fiel a sí mismo, que conoce sus debilidades –las respeta– y saca réditos a sus máximos activos.

Dídac Peyret

Publicado en El Periódico el 25/1/2010


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