Guardiola y Ferguson, cada uno en su esquina

Mientras que el técnico del Manchester United cumple hoy 24 años al frente del club inglés, Pep es partidario de ciclos no superiores a cinco años.

Cesc Guimerà / Germán Aranda

Ya antes de llegar a la presidencia del Barcelona, Sandro Rosell expresó en más de una ocasión que le gustaría que “Guardiola se convirtiera en el Alex Ferguson del Barça”. Se refería, por supuesto, a que el técnico tuviera todos los años que quisiera para que su filosofía echara raíces en el banquillo azulgrana. Hoy se cumplen 24 años de la llegada del entrenador escocés al Manchester United y Pep ni siquiera sabe que hará la próxima temporada, fiel a su idea de firmar contratos cortos y no extender su vinculación al club más allá de la actual campaña.

Pase lo que pase esta temporada, cuesta pensar que Guardiola no se siente en el banquillo azulgrana en el inicio de la próxima. Pero de su mentalidad inquieta, la misma que le llevó a probar nuevas experiencias en Brescia, Roma, Doha o Culiacán, se desprende que seguramente no estará dispuesto a acomodarse y perpetuarse en el cargo y menos todavía en el club de su vida.  Lo deja claro en las conversaciones que reproduce el Banc Sabadell en sus anuncios. “Se trata de hacer un trabajo que te guste y sentirte querido. En baloncesto, el entrenador los hace jugar a todos en un partido. Yo, en una plantilla de 19 o 20 jugadores, dejo a diez sin jugar. Y ellos entienden que yo no los quiero, continuamente. Es un drama. Por eso se acostumbra a entrenar en periodos de cinco años, porque ni ellos me aguantarán ni yo los aguantaré a ellos”.

Eusebio, ex jugador y técnico del Barça, conoce como pocos la idiosincrasia del club y la fuerte personalidad de su ex compañero. “Él tendrá la última palabra sobre su futuro. Su etapa acabará el día en que no se sienta motivado para seguir”, afirma el de La Seca, que vivió dos de los ciclos más exitosos de la historia de la entidad a las órdenes de Cruyff y al lado de Rijkaard. “El Barça es un club con grandes exigencias y cuando los resultados no llegan es natural que se tomen decisiones que normalmente pasan por el cambio de entrenador, pero Pep puede marcar una línea hacia el futuro”, asegura.

En la Liga española es difícil encontrar casos de técnicos que aguanten más de cinco años en un banquillo. La urgencia de resultados y el estado de ánimo de cada momento impulsan en muchas ocasiones a destituciones precipitadas. “Probablemente sea una cuestión de cultura. Aquí se buscan resultados inmediatos y un ciclo de cinco años o más comienza a ser complicado”, asegura Irureta, que permaneció siete temporadas en el Deportivo en las que rompió la supremacía del fútbol español con el título de Liga logrado el año 2000. “Cuando se contrata a un entrenador hay que tener paciencia, dejar que demuestre sus conocimientos y los pueda inculcar a la plantilla. Tener el conocimiento de un equipo cuesta tiempo. Es bueno que haya una cierta continuidad siempre que se vayan renovando las cosas”, opina el técnico vasco.

La voracidad de los banquillos españoles quedó plasmada esta misma semana con la destitución de Jesualdo Ferreira en el Málaga después de sólo nuevo jornadas. Entre los actuales técnicos de la Liga, Preciado es el que más años perdura en el cargo. Llegó al Sporting en la campaña 06-07 y ascendió al equipo en su segunda temporada.

En el Barça, Cruyff y Rijkaard protagonizaron los dos últimos ciclos completos. El primero tomó las riendas del equipo en 1988 y tuvo tiempo para armar un proyecto que daría como frutos las conquista de cuatro ligas y la primera Copa de Europa, pero también el nacimiento de una forma de entender el fútbol que distingue al club. Rijkaard, en cierta medida, protagonizó una situación con muchas similitudes a la de su compatriota. Se hizo cargo del equipo después de cinco años de travesía por el desierto, pudo trabajar durante una campaña y acabó por redefinir el estilo de Cruyff según los cánones actuales, aparte de lograr importantes éxitos deportivos.

Herrera y Van Gaal

Cruyff y Rijkaard son dos casos casi únicos en el Camp Nou que ha visto pasar grandes entrenadores de forma fugaz. Helenio Herrera sólo permaneció dos años antes de marchar al Inter para convertirlo en el mejor equipo del mundo, y volver en una segunda etapa también de dos años. Van Gaal sólo aguantó tres años pese a ganar dos Ligas por no conectar con la afición y Robson fue un puente para la llegada del holandés al que no retuvieron ni tres títulos.

Más extremo es el caso del Madrid, por el que han pasado diez entrenadores en los últimos siete años. El último que gozó de cierta continuidad fue Del Bosque y ni siquiera los títulos le salvaron. Algo muy similar a lo que sucedió con Capello o incluso con Pellegrini, que pese a no ganar ningún título, dirigió una de las mejores campañas blancas en Liga. El actual seleccionador podría haber protagonizado un ciclo, si cabe, más victorioso todavía, pero extraños motivos propiciaron su salida. “Cada caso es personal. Hay entrenadores con un carecer más impulsivo que se desgastan más y duran menos, mientras que otros de una manera más silenciosa pueden aguantar más tiempo. Depende mucho de los clubes. Hay algunos que buscan proyectos largos, pero es difícil porqué se mira mucho el resultado”, asegura Del Bosque. Eusebio, en cambio, cree que poco a poco se van produciendo cambios y vislumbra un futuro más alentador: “Con la entrada de gente más profesional en la gestión de los clubes puede que se trabaje con más paciencia y se crea más en los proyectos a largo plazo.”

¿Puede entonces el fútbol español cambiar toda una tradición y adaptarse a una nueva forma de entender la gestión de un equipo? ¿Puede darse un caso Ferguson? “Llega un punto en el que el club, la institución, le tiene tanta confianza que puede llegar a dominarlo todo. Hace el papel de entrenador, de secretario técnico, todos los trabajos posibles. Todas las figuras se centran en un solo personaje. Es tan bueno que lo domina todo de tal forma que es normal que haya durado tantos años”, explica el defensa del Barça Piqué, que trabajó junto a él durante dos temporadas en el Manchester United. Una figura como la del escocés sólo se entiende desde una manera particular de entender el fútbol, ya que además de permanecer casi un cuarto de siglo en el cargo tardó siete años en ganar la primera liga.

Pero si hay un caso sorprendente de longevidad en un banquillo es el del Guy Roux. El francés permaneció al cargo del Auxerre desde 1961 hasta 2005 y convirtió un equipo casi amateur en el campeón de Liga y Copa de Francia en 1996. “Me supe adaptar a los cambios del fútbol durante cuatro décadas, pero también estuve acompañado de éxitos”, remarca. “España e Inglaterra tienen dos formas muy distintas de ser. Los españoles son latinos, más impulsivos, y los ingleses son más reflexivos”.

Parece complicado cambiar en el fútbol una forma de entender las cosas vinculada a un modo de entender el día a día. Si Guardiola se convirtiera en el Guy Roux del Barcelona, abandonaría la entidad con 76 años, algo que parece una utopía. Seguro que lo que prima para  la directiva azulgrana a día de hoy es garantizarse que siga la campaña que viene.

Publicado en Público el 6 de noviembre de 2010

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