Chelsea, un equipo para un estadio

El Barcelona se enfrenta a uno de los equipos más selectos de Inglaterra en las semifinales de la Liga de Campeones

“Irremediablemente pijo, hasta cierto punto artificial, insólitamente irregular, capaz de lo mejor y de lo peor”. Así es el Chelsea, próximo rival del FC Barcelona en semifinales de la Liga de Campeones, según relató el periodista Enric González en una de sus célebres Historias de Londres, recopiladas en un libro reeditado el pasado 2010 por RBA. Cuando el corresponsal de El País aterrizó en Londres en 1990, nadie podía imaginar que dos décadas después los Blues presumirían de ser uno de los equipos más potentes de Europa. Pero a pesar de la inevitable progresión deportiva derivada de la inyección económica de Roman Abramovich, el equipo no ha sido capaz de alcanzar las cuotas deseadas ni de sellar esa gran deuda de la ciudad con la Copa de Europa.

Chelsea siempre está de moda. En él vive alguna de la gente más rica de la capital británica y se encuentran las boutiques más glamurosas o los restaurantes con mayor concentración del celebrities. En Sloan Square están los almacenes Peter Jones y Cheyne Walk, un elegante paseo junto al río. Hugo Young, conocido columnista en The Guardian y autor de la biografía de Margaret Tatcher One Of Us (1989), le comentó al propio Enric González en uno de sus encuentros casuales que “en Chelsea vive gente muy rica, lo que no impidió que las tiendas punk más escandalosas se instalaran aquí. Chelsea bota siempre conservadores, pero las bodas más excéntricas se celebran aquí. Cuando alguien acumula mucho dinero o mucha celebridad y pierde el mundo de vista se instala en una mansión en Surrey y se rodea de parques privados a la medida de sus delirios de grandeza. Chelsea es la opción razonable de la gente que podría permitirse no serlo”.

Y es que en Chelsea, en el 430 de King’s Road, Vivienne Westwood abrió junto a Malcolm McLaren, la tienda ‘Let It Rock’, más adelante conocida como ‘Sex’,  uno de los epicentros del punk y del que surgieron los Sex Pistols. Mick Jagger y Keith Richards se trasladaron a Cheyne Walk cuando se hicieron millonarios y Oscar Wilde fue detenido en el Cadogan Hotel de Sloane Street por homosexual.

Otro ilustre de las letras británicas, Nick Hornby, en su célebre Fever Pitch (1992) recuerda sus primeras vivencias futbolísticas, vinculadas con los blues. “Stamford Bridge y sus alrededores me ofreciesen una versión distinta pero todavía familiar de Londres: familiar, seguramente, porque el muchacho de clase media que reside en la periferia siempre ha estado al tanto de su existencia. La gente que se veía por Chelsea en aquellos tiempos era gente muy consciente de estar en el centro del universo. El fútbol era un deporte de moda, y los jóvenes ejecutivos que animaban a los azules eran gratos de ver, aparte de dar a Stamford Bridge (a las localidades de asiento, vaya) el aire de un lugar de exótica exquisitez. Aquello no era, en cambio, lo que yo buscaba en el fútbol. El Arsenal y su barrio eran para mí mucho más exóticos que todo lo que llegase a ver a los alrededores de King’s Road, de los más auténticos en todas sus variantes más castizas. Cuando mi padre empezaba a desear una parte al menos de todo lo que se ventilaba en Chelsea yo me moría de ganas por salir corriendo en el sentido opuesto”.

Peter Osgood (9), 'Ossie', Rey de Stamford Bridge

En 1887 se creó un estadio en Stamford Bridge, sede del London Athletics Club, utilizado para el cricket y el atletismo hasta 1904. De hecho conservó su esencia, su particular fisonomía poco propia del fútbol británico por la pista de atletismo que separaba el terreno de juego de la grada, hasta la remodelación iniciada a finales de la década de 1990. Los Mears, una familia de constructores, lo adquirió para convertirlo en la instalación polideportiva más importante de Inglaterra y la línea maestra del plan pasaba por alquilarlo al equipo local de la zona, el Fulham. Pero los dueños del equipo, ya arraigados a su historia desde tiempos pretéritos, optaron por seguir en el por entonces ya viejo Craven Cottage.

Con el negocio por tierra, Gus Mears decidió vender el estadio a la Great Western Railway Company para que lo utilizara como almacén de carbón y materiales ferroviarios. Fue entonces cuando Frederic Parker, amigo personal de Mears, planteó al propietario del estadio la posibilidad de crear un equipo desde cero ante la negativa del Fulham. Quizá por tantos quebraderos de cabeza, Gus Mears no quiso debatir la propuesta y acudió a la llamada de Parker en un campo de orquídeas junto al estadio, donde se creó el equipo (1905), según dice la leyenda fundacional del club.

Detenida a tiempo la venta a la compañía ferroviaria, los creadores del flamante equipo contrataron un arquitecto para la construcción de una tribuna y pusieron en marcha la creación del equipo para el que barajaron los nombres de Kensignton FC y Stamford Bridge, hasta que se optó por Chelsea FC y de adoptó el color azul de la camiseta.

Instaurado en la aristocracia económica londinense desde sus orígenes, la insistencia de Parker y el dinero de Mears sirvieron para que los dirigentes de la Liga admitieran de inmediato al equipo, incluso por delante de los vecinos del Fulham, fundado en 1879.

Gianfranco Zola, el preferido de la afición del Chelsea

“Siempre imprevisible, siempre elegante, siempre incapaz de alcanzar los objetivos que le corresponden por presupuesto y lo numeroso de su afición”, insiste González, hasta la llegada de Abramovich el Chelsea solo podía presumir de haber ganado la Liga en una ocasión (1955), la FA Cup en tres (1970, 1997 y 2000), la Copa de la Liga en dos más (1965 y 1998) y de pequeñas glorias europeas en forma de dos Recopas (1971 y 1998) y una Supercopa ganada al Real Madrid de la Séptima con un gol del uruguayo Gustavo Poyet, actual técnico de Brighton.

El primer gran título, la First Division, llegó en 1955. coincidiendo con el 50 aniversario del club. Ted Drake había sembrado las bases del éxito desde su llegada al banquillo de Stamford Bridge en 1952, en un equipo liderado por el capitán y estrella Roy Bentley (21 goles esa temporada y 150 en 367 como blue) y con jugadores como Frank Blunstone, Wicks Stan, Sillett Pedro, Chic Thompson, Eric Parsons y Willemse Stan. En el corazón de los seguidores del Chelsea, sin embargo, ocupan un lugar especial el italiano Gianfranco Zola (1996-2003) votado en 2003 como el mejor jugador de la historia del club y Peter Osgood, la gran estrella del glamouroso equipo de finales de los 60 y principios de los 70. Desde octubre de 2010 una estatua del delantero preside la entrada principal de Stamford Bridge, en un intento de reivindicar la historia del club ante la acusación constante de falta de tradición por parte de los equipos con solera de las islas.

El sorprendente Mónaco de 2004, el gol fantasma de Luis García en Anfield, los penaltis detenidos por Pepe Reina, el inoportuno resbalón de John Terry en Moscú y el antológico gol de Andrés Iniesta en el descuento de la semifinal ante el Barça de 2009 alejaron al Chelsea de la gloria europea. El club nunca ha perdido su idiosincrasia pero, pese al paso al frente deportivo, sigue sin lograr alcanzar su gran objetivo, su gran una obsesión: la Copa de Europa. Salvo una de las sorpresas más grandes de los últimos años, esta tampoco será la temporada del equipo de Abramovich, que debe afrontar un nuevo y costoso proceso de renovación de la plantilla este próximo verano.

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1 comentario
  1. danpariss dijo:

    una vez más… brutal artículo!!

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