The Wedding Present – George Best

La banda de David Gedge actúa esta noche en la Sala Sidecar de Barcelona dentro de la gira de presentación de su último disco Valentina, cuando se cumplen 25 años de su álbum de debut. El más y el menos futbolero de la historia del rock.

El nombre de The Wedding Present estará siempre asociado al de George Best, el primer futbolista de la historia que se convirtió en icono mediático y gozó del estatus propio de una estrella del pop. La banda liderada por David Gedge pasa esta noche por la Sala Sidecar de Barcelona en el marco de la gira de presentación de su último trabajo, Valentina (Scopitones, 2012), justo en el momento, este mes de octubre, en que se cumplen 25 años del lanzamiento de George Best (Reception, 1987), el álbum más representativo de su carrera.

Del futbolista nacido en Belfast está casi todo dicho. Obviaremos sus célebres frases -aburridas por ser repetidas hasta la saciedad- para adentrarnos en la figura de un futbolista que vivió con la misma libertad absoluta por la que se movía en el terreno de juego y que se convirtió en leyenda por su fútbol y también por el desenfreno fuera de él. Un ritmo frenético como el que atesoraban (y todavía atesoran) unos primerizos The Wedding Present allá por 1987.

En la escena independiente británica de finales de los 80 era complicado encontrar una banda con tal velocidad en la ejecución más allá del metal o el hardcore. El grupo, originario de Leeds, encontró en el power-pop musculoso de evidentes raíces punk y en la Velvet Underground, -por su característica forma de rasgar las guitarras y prolongar las canciones sobre en directo- los ingredientes e influencias para crear una identidad propia. “Tocar rápido fue una decisión que tomamos casi desde el principio. Queríamos encontrar un estilo instrumental que contrastara con nuestras letras tristes. Y también deseábamos encontrar un sonido que nos distinguiera. Así que optamos por la velocidad y no por el ruido, que era lo habitual en esos años”, explica el propio Gedge, voz, guitarra y composición,en una entrevista en Rockdelux (255).

La elección del título del disco y la icónica imagen de Best en la portada poco tiene que ver con el contenido. Le elección responde simple y llanamente a la necesidad de The Wedding Present de no fallar a las altas expectativas depositadas en el grupo mediante un título y una portadas sorprendentes. La casualidad juntó a Gedge y la imagen del norirlandés, aunque el de Leeds ha reconocido abiertamente su afición por el Manchester United y la admiración, también, por Bobby Charlton. Pero a diferencia del norirlandés, Charlton era simplemente un jugador de fútbol, mientras que Best era distinto, el Quinto Beatle, una figura canalla y atractiva, pero también una historia trágica de autodestrucción por culpa de los excesos. El gran y eterno relato de la oportunidad perdida.

George Best de The Wedding Present, 1987

Cuando todavía no había cumplido los 22 años, y tras debutar con 17, George Best (Belfast, 1946) había sido campeón de Europa en 1968, máximo goleador de la liga inglesa con 28 goles y había conquistado el Balón de Oro. Todo vivido a gran velocidad por un chaval que a los 15 años dejó su barrio obrero y protestante para recalar en Manchester, después de que un ojeador del United llamara entusiasmado a Sir Matt Busby. “He encontrado un genio”, le dijo.

El scout no se equivocó. Ambidiestro, con una facilidad asombrosa por el regate y con una finta bajando los hombros nunca imitada en el fútbol, George Best era un jugador de otra dimensión. Grandioso pero también perdido por su carácter, arrogante, provocador con los defensas rivales, pero uno de los miembros de la Santísima Trinidad de Old Trafford. Best, Charlton y Denis Law. Los líderes de un equipo, todavía dirigido por Busby, del que también formaban parte Nobby Stiles, Brian Kidd, Bill Foulkes o David Sadler (Law se perdió la final por lesión) y que derrotó al Benfica 1-4 tras prórroga -con el 1-2 obra de Best– y que conquistó para al United una Copa de Europa que selló, si es que se pueden sellar, las heridas de la tragedia aérea de Múnich del 6 de febrero de 1958.

“Nací con un talento por el que muchos habrían dado la vida. Era capaz de hacer cosas que no estaban al alcance de ningún otro jugador y la hacía con facilidad. Sabía que era distinto y al final me convertí en un monstruo para mi mismo” decía el norirlandés en su autobiografía The Good, The Bad and The Bubbly, editada en el Reino Unido por Simon & Schuster en 1990.

El monstruo conducía un Jaguar, lucía las mejores ropas de los años dorados de Carnaby Street, abrió tiendas de ropa, una agencia de viajes, discotecas y bares que, no cabe duda, frecuentaba. Su indisciplina crecía. En 1970 fue suspendido por la FA durante cuatro semanas por arrebatar el balón a un árbitro cuando lo tenía en la mano. Al volver marcó seis de los ocho goles (8-2) que el Manchester Unied endosó al Northampton en un partido de FA Cup. El propio Busby le suspendió dos semanas en 1971. En enero de 1974, con 28 años, decidió poner fin a su etapa con los Diablos Rojos después de que Tommy Doherty le comunicara que sería suplente en un partido contra el Plymouth.

Best siguió disfrutando del fútbol en una larga lista de equipos menores, especialmente escoceses, irlandeses y norteamericanos. En 1976 firmó por Los Angeles Aztecas y ese mismo año marcó a los 71 segundo de su debut con el Fulham. Su etapa en Craven Cottage será recordada por la memorable actuación,  junto a Rodney Marsh, en un partido contra el Hareford United. Como el norirlandés, Marsh fue otro díscolo heredero de Len Shackleton también ligado al mundo del rock por su aparición en la portada del disco de debut de Oasis Definitely Maybe (Creation, 1994) como jugador del Manchester City. En 1978, Best pasó por el Fort Lauderdale con el que coincidió con Gordon Banks e Ian Callaghan y su peregrinaje continuó hasta colgar las botas en 1984.

Afincado en Londres, convertido en comentarista de televisión, Best siguió con su hedonista estilo de vida al final de sus días. Tras una larga hospitalización en 1991, tratamientos como la implantación de unas bolas en el estómago para rechazar la bebida y un trasplante de hígado en 2002, murió a los 59 años el 25 de noviembre de 2005. Casi medio millón de personas salieron a la calle en el día de su funeral de Estado celebrado en el castillo de Stormont, en Belfast, ante unos 300 asistentes.  Antes solo el que fuera primer ministro de Irlanda del Norte entre 1921 y 1940, el unionista James Craig, Lord Craigavon, había recibido tales honores.

“Había gente que compró el disco pensando que lo había grabado George Best y que The Wedding Present era el título”, recordaba David Gedge en la mencionada entrevista en Rockdelux. George Best recibió un merecido homenaje en la edición del Music Weekend, organizado por la revista barcelonesa, celebrada en octubre de 2007 en Barcelona, Madrid y Valencia, en el que la banda tocó el disco de forma íntegra para celebrar su vigésimo cumpleaños. El álbum constó doce temas en su edición en vinilo y catorce en la de CD, dos caras B del single “Anyone Can Make A Mistake”. La reedición de 1997 incluye nueve temas extra, entre ellos una versión de “Getting Better” de los Beatles de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

A finales de los 90, Gedge aparcó The Wedding Present para crear Cinerama (cuyo álbum Torino sobresale respecto al resto), grupo con una orientación pop más sutil. Con el paso del tiempo la música de Cinerama se acercaba cada vez más a la de The Wedding Present y ante tal tesitura el de Leeds decidió refundar su viejo grupo y volver al estudio para grabar otro destacable disco como Take Fountain (Scopitones, 2005).

Seamonsters (RCA, 1991) es quizá el álbum más valorado de The Wedding Present. Puede que sea un disco más compacto, más unitario, mejor escrito y que destile un sonido mucho mejor que George Best, pero cualquier amante del buen fútbol y el buen pop sentirá cierta predilección por esas canciones enfundados ante de uno de los personajes más singulares que ha dado este deporte, solo alejado del trono de los más grandes Maradona, Pelé, Cruyff, Di Stéfano o Messi por no haber brillado a nivel internacional por culpa del bajo nivel de la selección de Irlanda del Norte.

“Best sobrevolaba los partidos, literalmente; encarnaba la libertad futbolística mejor que nadie. Era la facilidad personificada. Era intocable. Era capaz de regatear a tres, a cuatro, a cinco jugadores. Y además era rock”. La clavó, Eric Cantona.

@cescguimera

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