“Los grandes clubs parecen estar hartos de los hinchas de base”

Un estudio de la BBC desvela los precios actuales del fútbol inglés, cada vez más alejados de las posibilidades de la clase obrera y media baja gracias a las que se ha convertido, durante más de un siglo, en el deporte del pueblo

Los grandes clubs parecen estar hartos de los hinchas de base. En cierto modo, ¿quién puede darles la culpa de eso? Los jóvenes varones de clase obrera, de clase media baja, suelen traer de la mano un complejo y a veces inquietante conjunto de problemas propios, los presidentes y los consejos podrían sostener que dispusieron de un ocasión y que la echaron a perder, e incluso que las familias de la clase media -el nuevo público al que se quiere traer al estadio- no solo se portarán como es debido, sino que además pagarán mucho más para hacerlo.

Este argumento tiende a pasar por alto ciertas cuestiones capitales sobre la responsabilidad y la justicia, así como que los clubs de fútbol tengan o no un papel que desempeñar en la comunidad a la que pertenecen.  Pero es que aun cuando no se tengan en cuenta estos problemas, a mí me da la impresión de que en todo el razonamiento se esconde un defecto fatal. Parte del placer que se tiene en un estadio de fútbol es una mezcla de lo indirecto y lo parasitario, ya que a menos que uno esté en el Fondo Norte, o en el Kop si uno es hincha del Liverpool, o en Stretford End si el equipo de sus amores es el Manchester United, confía plenamente en que sean otros los que aporten el ambiente, y el ambiente es uno de los ingredientes clave de la experiencia futbolística. Estos inmensos fondos son tan vitales para los clubs como para los propios jugadores, no solo porque los ocupantes de los fondos manifiestan sonoramente su apoyo incondicional al equipo, no solo porque proporcionan al club cuantiosas sumas con cada partido (aunque estos factores no sean no mucho menos desdeñables), sino sobre todo porque sin su concurso nadie se tomaría la molestia de ir al campo.

El Arsenal, el Manchester United y los demás son victimas de la ilusión de que la gente paga el precio de la entrada para ver jugar a Paul Merson y a Ryan Giggs, y por supuesto es así. No obstante, con muchos -las personas que ocupan los asientos que cuestan unas veinte libras, y los tíos de tribunas y palcos- los que también pagan por ver cómo ve la gente a Paul Merson (o por oír como le gritan a voz en cuello). ¿Quién pagaría por una tribuna si el campo entero estuviese lleno de ejecutivos? El club vende entradas de tribuna y de palco con la condición de que el ambiente es gratis, por lo cual es lícito pensar que el Fondo Norte ha generado tantos ingresos como cualquiera de los jugadores. ¿Quién se va a ocupar del ruido a partir de ahora? ¿Seguirán yendo al campo los chavales de clase media, con sus padres y sus madres, si son ellos los que tienen que generar el ruido y el ambiente? ¿No tendrán la sensación de que les han timado? Efectivamente, así las cosas el club les habrá vendido entradas para un espectáculo cuyo mayor atractivo ha sido eliminado precisamente para dejarles sitio a ellos.

Un apunte más sobre el tipo de público que el fútbol ha decidido que quiere tener: los clubs tienen que asegurarse de ser muy buenos, de que no habrá años de vacas flacas, por que ese nuevo público no tolerará un solo fracaso. Ese público no lo conforman personas capaces de ir a ver a jugar al equipo contra el Wimbledon por ejemplo en pleno mes de marzo, cuando el equipo esté en decimoprimer lugar de la clasificación y haya sido eliminado de todas las competiciones de Copa. ¿Por qué iban a ir al campo en esas condiciones, si tiene muchísimas otras cosas que hacer? Por eso, si no me equivoco, el Arsenal ha apostado por no pasar más rachas de diecisiete años sin ganar un solo título, tal como ocurrió entre 1953 y 1970, ¿no es eso? Se acabaron los flirteos con el descenso, como en 1975 y 1976, o los lustros en los que no estuvimos presentes en ninguna final, como ocurrió entre 1981 y 1987. Nosotros, los ingenuos incondicionales, aguantamos todo eso y mucho más. Al menos estamos presentes veinte mil de los nuestros, por mal que vaya el equipo (y a veces ha ido mal, muy mal, fatal). En cambio, ese nuevo público… bueno, yo no estaría tan seguro.

 Nick Hornby

(Fever Pitch, 1992)

@cescguimera

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: