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I Am The Secret FootballerUn libro recopila las columnas anónimas que han fascinado a los aficionados en The Guardian

El Reino Unido es fértil en literatura deportiva. Uno puede entrar en cualquier librería de Londres, Birmingham, Liverpool o Scunthorpe –o perderse en el laberinto digital- y quedar superado con un sinfín de títulos en los que se narran hazañas de todo tipo como si de literatura épica se tratara, de las biografías de cualquier personaje que haya disfrutado del mínimo de quince minutos de gloria concedidos por Andy Warhol, o por espesas obras que se sumergen en el siempre engorroso mundo de la estadística. Y un único sentimiento aflora; envida. No nos engañemos, es una cuestión cultural. Aquí no se lee y allí sí. La guerra está perdida de forma ya definitiva desde que los smartphones, con sus ‘whatsapps’ y ‘apalabrados’, se impusieron entre los commuters, uno de los últimos vestigios de la literatura.

Si un deporte predomina en el amplio menú literario-deportivo, como no podía ser de otra manera tratándose del Reino Unido, éste es el fútbol. Desde el pasado mes de agosto se puede adquirir “I Am The Secret Footballer: Lifting The Lid On The Beautiful Game”  (Guardian Books), una recopilación de los artículos publicados en el progresista diario The Guardian, desde enero de 2011, por un futbolista profesional sobre el que nada se sabe. Bueno, algo sí. Es de dominio público que es inglés, está casado y ha jugado como mínimo en dos equipos de la Premier League.

The Secret Footballer destapa las interioridades del fútbol inglés desde una perspectiva única, honesta, valiente y obstinada. Es una combinación hasta la fecha inaudita de análisis y conocimiento de causa. Son historias vividas en primera persona sobre las alegrías y las frustraciones en un deporte, y por consecuente en una sociedad, que puede encumbrar y hundir a su antojo. Racismo, sueldos desorbitados, escándalos y pasajes anecdóticos protagonizados por personajes que han marcado una época en la historia reciente de la liga más popular universalmente, como Sir Alex Ferguson, Wayne Rooney, Cristiano Ronaldo, Eric Cantona, Roy Keane (¿habrá estado en el vestuario de Old Trafford nuestro futbolista secreto?) o el siempre apreciado y añorado en las islas José Mourinho.

@cescguimera

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Un estudio de la BBC desvela los precios actuales del fútbol inglés, cada vez más alejados de las posibilidades de la clase obrera y media baja gracias a las que se ha convertido, durante más de un siglo, en el deporte del pueblo

Los grandes clubs parecen estar hartos de los hinchas de base. En cierto modo, ¿quién puede darles la culpa de eso? Los jóvenes varones de clase obrera, de clase media baja, suelen traer de la mano un complejo y a veces inquietante conjunto de problemas propios, los presidentes y los consejos podrían sostener que dispusieron de un ocasión y que la echaron a perder, e incluso que las familias de la clase media -el nuevo público al que se quiere traer al estadio- no solo se portarán como es debido, sino que además pagarán mucho más para hacerlo.

Este argumento tiende a pasar por alto ciertas cuestiones capitales sobre la responsabilidad y la justicia, así como que los clubs de fútbol tengan o no un papel que desempeñar en la comunidad a la que pertenecen.  Pero es que aun cuando no se tengan en cuenta estos problemas, a mí me da la impresión de que en todo el razonamiento se esconde un defecto fatal. Parte del placer que se tiene en un estadio de fútbol es una mezcla de lo indirecto y lo parasitario, ya que a menos que uno esté en el Fondo Norte, o en el Kop si uno es hincha del Liverpool, o en Stretford End si el equipo de sus amores es el Manchester United, confía plenamente en que sean otros los que aporten el ambiente, y el ambiente es uno de los ingredientes clave de la experiencia futbolística. Estos inmensos fondos son tan vitales para los clubs como para los propios jugadores, no solo porque los ocupantes de los fondos manifiestan sonoramente su apoyo incondicional al equipo, no solo porque proporcionan al club cuantiosas sumas con cada partido (aunque estos factores no sean no mucho menos desdeñables), sino sobre todo porque sin su concurso nadie se tomaría la molestia de ir al campo.

El Arsenal, el Manchester United y los demás son victimas de la ilusión de que la gente paga el precio de la entrada para ver jugar a Paul Merson y a Ryan Giggs, y por supuesto es así. No obstante, con muchos -las personas que ocupan los asientos que cuestan unas veinte libras, y los tíos de tribunas y palcos- los que también pagan por ver cómo ve la gente a Paul Merson (o por oír como le gritan a voz en cuello). ¿Quién pagaría por una tribuna si el campo entero estuviese lleno de ejecutivos? El club vende entradas de tribuna y de palco con la condición de que el ambiente es gratis, por lo cual es lícito pensar que el Fondo Norte ha generado tantos ingresos como cualquiera de los jugadores. ¿Quién se va a ocupar del ruido a partir de ahora? ¿Seguirán yendo al campo los chavales de clase media, con sus padres y sus madres, si son ellos los que tienen que generar el ruido y el ambiente? ¿No tendrán la sensación de que les han timado? Efectivamente, así las cosas el club les habrá vendido entradas para un espectáculo cuyo mayor atractivo ha sido eliminado precisamente para dejarles sitio a ellos.

Un apunte más sobre el tipo de público que el fútbol ha decidido que quiere tener: los clubs tienen que asegurarse de ser muy buenos, de que no habrá años de vacas flacas, por que ese nuevo público no tolerará un solo fracaso. Ese público no lo conforman personas capaces de ir a ver a jugar al equipo contra el Wimbledon por ejemplo en pleno mes de marzo, cuando el equipo esté en decimoprimer lugar de la clasificación y haya sido eliminado de todas las competiciones de Copa. ¿Por qué iban a ir al campo en esas condiciones, si tiene muchísimas otras cosas que hacer? Por eso, si no me equivoco, el Arsenal ha apostado por no pasar más rachas de diecisiete años sin ganar un solo título, tal como ocurrió entre 1953 y 1970, ¿no es eso? Se acabaron los flirteos con el descenso, como en 1975 y 1976, o los lustros en los que no estuvimos presentes en ninguna final, como ocurrió entre 1981 y 1987. Nosotros, los ingenuos incondicionales, aguantamos todo eso y mucho más. Al menos estamos presentes veinte mil de los nuestros, por mal que vaya el equipo (y a veces ha ido mal, muy mal, fatal). En cambio, ese nuevo público… bueno, yo no estaría tan seguro.

 Nick Hornby

(Fever Pitch, 1992)

@cescguimera

El combinado aliado, un equipo de leyenda

El periodista Carlos Marañón presenta un libro basado en  Evasión o Victoria, el film sobre fútbol más mítico de la historia. A través de su excelente documentación, repasamos los muchos vínculos de la película con el fútbol de las islas.

Hablar de fútbol y cine es hablar de Evasión o Victoria (1981). El deporte que más pasiones levanta a nivel mundial, y una de las máximas expresiones de la cultura popular, no ha recibido históricamente en la gran pantalla el tratamiento merecido. Por fortuna, en los últimos años hemos visto como producciones de la altura de The Damned United o Invictus, han otorgado al género deportivo (no estrictamente futbolístico) el estatus merecido. Carlos Marañón, director de la revista Cinemanía desde 2008 y colaborador entre otros medios del diario AS, hijo y nieto de futbolistas, es el autor de Un Partido de Leyenda (Editorial Ocho y Medio), un libro basado en la película de John Houston. Lejos de ser el mejor film dedicado a este deporte, es, sin duda, el que más pasiones levanta entre sus aficionados.

Autor también de Fútbol y Cine. El balompié en la Gran Pantalla (Ocho y Medio, 2005), el periodista barcelonés presenta ahora “una declaración de amor a una película” y “una prueba de locura por el fútbol y el cine”, que tiene su origen allá por 1981, cuando con siete años acudió junto a sus padres a ver Evasión o Victoria en el Palacio Balañá de Barcelona. El libro transmite  y contagia la pasión del autor y estoy convencido que cumplirá con las expectativas de tanto de los enfermos por este deporte como de los amantes del celuloide. Si la pasión es compartida, ni digamos. Un Partido de Leyenda es, además, una obra documentada política y socialmente, en el que muchos aficionados descubrirán que el mítico encuentro disputado por Pelé, Bobby Moore, Michael Caine o Sylvester Stallone está inspirado en hechos reales, que la propaganda política y la historia se han encargado de distorsionar. Todas las teorías sobre sus supuestos orígenes tienen su explicación en el libro.

El imprescindible trabajo de Carlos Marañón

Ninguneada por la crítica, Evasión o Victoria es una película de culto para cualquier futbolero. No importan los (muchos) anacronismos, los fallos de raccord en el partido o la poca la credibilidad del juego -incluso la escena futbolera en La Soledad del Corredor de Fondo (Tony Richardson, 1962) parece más real-. La combinación de actores de renombre como Stallone, mucho antes de convertirse en una caricatura de sí mismo, Michael Caine o Max von Sydow, con futbolistas de la talla de Pelé, Bobby Moore o Osvaldo Ardiles y un director de leyenda, John Houston, contribuyó a forjar la leyenda.

Pelé, ya retirado, había llegado al Cosmos para reflotar la liga americana (NASL) y sus derechos de imagen pertenecían a Warner. Bobby Moore era una de las figuras más respetadas en el fútbol inglés. Capitán del equipo que levantó la Copa del Mundo en Wembley en 1966, había  coincidido con “O Rei” en la NASL jugando con los San Antonio Thunder y estaba atravesando una difícil etapa personal tras haber colgado las botas en 1978. El propio Moore convenció a Mike Summerbee (Manchester City), también retirado recientemente, al que conocía desde los 15 años. Osvaldo Ardiles, por su parte, era el referente en el centro del campo del Tottenham (1979-1988) con el que ganó la FA Cup de 1981 y 1982 y la Copa de la UEFA de 1984. Otro factor determinante fue la participación de varios futbolistas de segundo nivel, muchos de ellos jugadores del Ipswich Town, “engañados” por Bobby Robson, que llegaron al rodaje sin saber lo que les esperaba.

Entre las grandes potencias futbolísticas europeas, la base de futbolistas-actores la aportó Inglaterra. No hay ningún jugador alemán en el conjunto nazi. Ni ningún italiano, quizá por los vínculos de la Italia fascista con la Alemania nazi. Tampoco ningún jugador (profesional) francés -sí el actor Benoit Ferreux- ni español. Pese a que la España de Franco se había declarado oficialmente neutral, su apoyo con el régimen de Hitler era más que evidente. La búsqueda empezó y se centró en las islas. Más allá del idioma, entonces, y ahora, al hablar de soccer el referente de un americano es Inglaterra.

Bobby Moore, Michael Caine y Sylvester Stallone

El fondo de banquillo lo aportó el Ipswich. El cuadro de Portman Road, dirigido entonces por Bobby Robson, era uno de los equipos de moda en el fútbol inglés. El que también fue seleccionador y técnico de FC Barcelona llevaba once temporadas en el equipo y lo convirtió de un cuadro ascensor a uno asentado en los primeros puestos de la liga, campeón de la FA Cup en 1978 y de la Copa de la UEFA en 1981. Una segunda época dorada en los “Tractor Boys” después de la que culminó con el título de la First Division alzado en 1962.

Robson era amigo de Peter Manson, hombre relacionado con el cine y que había recibido el encargo de la productora de buscar futbolistas para el film. Al final de la campaña 79/80, Sir Bobby llamó a sus jugadores y les planteó la posibilidad de pasar cinco semanas en Budapest rodando una película. Siete de ellos aceptaron la propuesta. Lo que no sabían Kevin Beattie, Paul Cooper, John Wark, Kevin O’Callaghan, Russell Osman, Laurie Sivell y Robin Turner era que no solo iban a Hungría a jugar a fútbol, sino que tendrían que interpretar un papel.

Además de los futbolistas ingleses, también fueron reclutados Co Prins, mejor jugador holandés antes de la eclosión de Johan Cruyff, el belga Paul van Himst, líder del Anderlecht y la selección y apodado “el Pelé blanco”, el noruego Hallvar Thoresen y el danés Soren Lindsted, ambos en el Twente holandés cuando se rodó la película. En pleno Talón de Acero, la presencia de futbolistas de la Europa del Este era complicada, pero destaca la de la estrella polaca Kazimierz Deyna, que había juagdo en el Manchester City al lado del retirado Summerbee.

Beattie y Cooper actuaron como dobles de Michael Caine y Sylvester Stallone, respectivamente. El resto de jugadores del Ipswich completaron el equipo aliado, a excepción de Sivell y Turner. El combinado nazi es un equipo extraño. Básicamente porque no hay ningún jugador alemán en el once. El capitán, Warner Rocth, era norteamericano. Laurie Sivell, guardameta suplente de Paul Cooper en el Ipswich, defendía los palos, y, curiosamente, acabó con mucha más presencia en la película que su compañero. Robin Turner, otro habitual suplente en el equipo de Robson, lucía el ‘10’ en la espalda. Schmidt en el guión, es el autor de uno de los goles del combinado alemán. El resto del equipo nazi lo integraban jugadores húngaros, profesionales y semiprofesionales. Entre ellos destaca Ferenc Fulop, jugador del club dueño del estadio en el que se rodó el partido, el MTK de Budapest. Con el nombre de Albrecht, marca dos goles, pero lo más curioso del caso es que su hijo, Martin, también es futbolista y ha jugado en varios clubs de Inglaterra. Llegó al Tottenham en 2004, fue cedido al Chesterfield, Covenrty y Sunderland, por el que firmó definitivamente en 2007. Tras no triunfar con los “Black Cats” volvió a ser prestado a Leicester, Stoke y Manchester City, antes de, curiosamente, recalar en el Ipswich en 2010. Este pasado mes de agosto fichó por el West Bromwich, en el que es suplente de Ben Foster.

Los aliados celebran el penalti detenido por Hatch (Stallone)

El uno x uno

Mike Summerbee (Sid Harmor)

Brillante extremo, fue el equivalente a Geroge Best pen el otro lado de Manchester. Con el City fue campeón de Liga (1968), de la FA Cup (1969) y de la Recopa de Europa (1970). Llegó al rodaje un año después de retirarse como jugador-entrenador del Stockpot County. Uno tiembla solo de pensar que pasaría aquellas noches junto a Malcolm Allison Fiona Richmond Su hijo también jugó con los “Citizens”.

Russell Osman (Doug Clure)

Destacó como defensa central del Ispwich (1976-85). Debutó con Inglaterra pocos días antes de iniciar su aventura cinematográfica y fue campeón de la UEFA poco antes del estreno de la película. Se retiró a los 37 años tras y ha sido segundo entrenador de varios equipos y comentarista de televisión.

John Wark (Arthur Haynes)

El escocés, batió todos los records goleadores la temporada siguiente al estreno del film para un centrocampista defensivo que había empezado su carrera como central. Anotó 36 goles en todas las competiciones. Fue campeón de la FA Cup del 78 y de la UEFA del 81.

Los jugadores del Ipswich celebran el título de la FA Cup de 1978

Kevin O’Callaghan (Tony Lewis)

El irlandés, un extremo derecho bastante fino, fue reconvertido a portero en la película y tuvo su cuota de protagonista en la escena en que se deja romper el brazo para que Hatch (Stallone) pueda defender la portería aliada. Pasó por Portsmouth y Millwall antes de retirarse anónimamente en el Southend United ya en los 80.

Kevin Beattie (doble de Michael Caine)

El gran Brian Ronbson le llamaba “El Diamante” y solo las lesiones pudieron con este central versátil y poderoso que debutó con el Ipswich con 19 años y al que Inglaterra veía como sucesor de Bobby Moore en el combinado nacional. Intentó resucitar su carrera en equipos como el Middlesbrough o el Colcherter, pero tuvo que dejar el fútbol antes de los 30.

Paul Cooper (doble de Sylvester Stallone)

Emblematico portero del Ipswich durante casi tres décadas y más de 500 partidos, era un gran especialista en parar penaltis y en la temporada previa al rodaje detuvo ocho de los diez lanzamientos a los que se enfrentó. No tuvo en la pantalla el mismo protagonismo que sobre el terreno de juego ya que Stallone no quiso ser doblado en la mayoría de las escenas.

Laurie Sivell (Schmidt)

Portero del combinado alemán y habitual suplente de Cooper en el Ipswich.  Jugó solo unos 150 partidos en quince temporadas (1969-1984). Siguió disfrutando del fútbol a nivel amateur tras abandonar Portman Road.

Robin Turner (Bronte)

Delantero suplente del Ipswich al que llegó en 1975, fichó por el Swansea galés en 1984 y terminó su carrera en el Colchester y el Bury Town.