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Archivo de la etiqueta: Arsene Wenger

El holandés redefinió el fútbol en el Arsenal e Inglaterra durante sus once años en Londres. Se convirtió en el catalizador de los nuevos tiempos con un juego moderno y de fantasía y también en el estandarte de la expansión internacional de la Premier.

En abril de 1993 la revista musical Select publicaba en portada una foto de Brett Anderson resguardado de fondo por la Union Jack y titulaba con el cuchillo entre los dientes: “Yankees a casa”. El heredero de Margaret Thatcher, John Major, había arrasado en las elecciones ante el laborista Neil Kinnock pocos meses antes, las bandas norteamericanas copaban las portadas en la prensa musical británica, subía el paro y los equipos ingleses, pese a competir de nuevo internacionalmente, cargaban todavía las consecuencias de la tragedia de Heysel. Si la eclosión de Suede en la escena musical británica representó el momento fundacional del Britpop y la exaltación y la reafirmación de los valores culturales e identitarios británicos entre una generación sin grandes perspectivas, la llegada de Dennis Bergkamp (Amsterdam, Holanda, 10 de mayo de 1969) a la Premier League supuso un punto de inflexión para el fútbol inglés. Una mirada hacia el futuro. El adiós definitivo a las sombras del pasado.

Cuando Bergkamp llegó al Arsenal en junio de 1995 procedente del Inter de Milán se convirtió en la primera gran estrella internacional que aterrizaba en Inglaterra tras el veto de a las competiciones europeas impuesto por la UEFA. Pese a no brillar en el calcio, el holandés mantenía intacta su fama, en gran medida por los dos goles en Wembley que dejaron a la selección inglesa fuera del Mundial de 1994. Con la repentina retirada de Eric Cantona se convirtió, además, en el gran emblema de la Premier a nivel internacional.

Con una flema nada británica, Bergkamp actuó de catalizador de los nuevos tiempos para el fútbol inglés y para el Arsenal, en una época en la que todavía imperaba la aguerrida, ruda y combativa concepción del juego implantada por sus creadores un siglo antes. Con él, ya bajo las órdenes de Arsène Wenger, los ‘Gunners’ dejaron atrás su histórica fama de equipo antipático y de aburrido por el juego rácano con el que cosechó el éxito George Graham a finales de los 80 y principios de los 90. El técnico alsaciano llegó a Highbury un año más tarde, después de la destitución de Bruce Rioch.

Cuando el Arsenal alzó la Premier League y la FA Cup en 1998, Tony Blair ya había devuelto a los laboristas a Downing Street 18 años después y Radiohead había certificado la defunción del Britpop con Ok Computer. En pocos años el nombre de Bergkamp ya formaba parte de la leyenda ‘Gunner’. Su mito fue in crescendo hasta sumar 120 goles en 423 partidos y lograr dos títulos de liga más (2002 y 2004) y otras tres Cups (2002, 2003 y 2005). Como a Wenger, solo le faltó el éxito internacional que tuvo en la yema de los dedos en las finales de Copa de la UEFA y Liga de Campeones perdidas ante el Galatasaray (2000) y el Barcelona (2006), respectivamente.

El futbolista del pánico a volar dejó para el recuerdo goles inolvidables, entre ellos el que anotó en agosto de 1997 ante el Leicester City, fue escogido Jugador del Año en Inglaterra en 1998 y segundo mejor jugador de la historia del Arsenal, por detrás de Thierry Henry, por los propios seguidores. Para Wenger, “no había otro jugador mejor en el mundo. Marcaba goles desde fuera del área como un centrocampista y necesitaba menos toques al balón para marcar que muchos delanteros”.

La temporada en la que el Arsenal se despedía de Highbury (2005-06) se despedía también de Bergkamp. Dos iconos para la historia. En su honor se disputó el primer partido en el Emirates Stadium el 22 de julio de 2006 entre leyendas y jugadores de Arsenal y Ajax, los dos grandes equipos de su carrera.

Arsenal Dream Team

Dídac Peyret firma en El Periódico una impecable disección de la filosofía ‘Gunner’ en la era Wenger, para esporádicos del fútbol inglés.

Wenger marca el camino hasta el punto de que nadie se imaginaría a este equipo sin el técnico francés

Si la grandeza de un equipo se midiera por el juego, ajena a la jerarquía que conceden los títulos, el Arsenal sería el único equipo capaz de disputarle ahora el trono europeo al Barça. Concebido con jóvenes promesas y alejado del pragmatismo imperante, emerge como un factor singular de nuestro tiempo. Pocos clubs respetan licencias tan románticas como mantener en el cargo el mismo entrenador más de una década. Pocos equipos mantienen un compromiso tan grande con el espectáculo. Menos aún si los resultados, como ha ocurrido en los últimos años en el Arsenal, invitan a la agitación.

El fútbol exige preguntas para crecer (qué quiero ser, a qué quiero jugar) y el Arsenal responde con firmeza a todas estas cuestiones bajo el liderazgo casi fundacional de Wenger. Los grandes clubs se distinguen por una identidad fácilmente reconocible. En el Barça, por ejemplo, existe un pensamiento único sobre la idea del buen fútbol, solo concebido desde el trato delicado al balón. En el Milan, en cambio, veneran conceptos como la presión o la estrategia defensiva.

Arsène Wenger marca el camino. La importancia del francés es tan grande que nadie se imagina el Arsenal sin él. Irrumpió en Highbury en 1996 para refundar el discurso futbolístico de un club históricamente reñido con el espectáculo. Wenger estableció un nuevo vínculo con el aficionado gunner a través de un fútbol amable, encomendado al toque, de aire juvenil, lleno de dinamismo. Y lo hizo desde la seducción del discurso pedagógico primero –convenciendo a jugadores y afición– y más tarde con resultados visibles (campeón de la Premier en 1998, 2002 y 2004). Al habitual compromiso con el esfuerzo del jugador inglés, le ha añadido un conocimiento táctico superior y mayor disciplina en algunos hábitos alimenticios. Su ascendencia además va más allá de los terrenos de juego. Wenger es el ideólogo de un club basado en jóvenes jugadores y ventas millonarias. Ese ha sido uno de los puntos fuertes de su gestión: ha comprado muy bien y ha vendido mejor.

El club se ha asegurado un proyecto duradero pese a los constantes cambios en la plantilla. Wenger rompe con el tópico de que la única forma de competir es con inversiones millonarias y ahonda en valores como compromiso (ahí están los ejemplos de futbolistas como Henry o Cesc), aprendizaje o paciencia.

Cesc lidera un presente ilusionante. Fàbregas es de esos jugadores que te aseguran una forma de jugar reconocible y un modelo duradero. Junto al catalán, Wenger cuenta esta temporada con un conjunto joven pero de gran calidad. “No recuerdo haber entrenado un Arsenal con tanto talento”, lo dice Wenger. Y es algo a tener muy en cuenta viniendo de un hombre que ha entrenado a futbolistas como Bergkamp, Vieira o Henry.

El Arsenal asombra por su capacidad goleadora por lo que verlo jugar es una gozada. Mantiene el ritmo abrumador de la Premier, pero aclara el campo con la pausa de futbolistas como Cesc, Arshavin o Nasri. Ataca con precisión quirúrgica con balón y no se destempla cuando lo pierde. Song y Diaby ejercen de ancla defensiva y juegan fácil para que los peloteros marquen el ritmo. Ahí está también la irrupción de Vermaelen, central de toque fichado del Ajax; Gibbs, un portento físico en el lateral izquierdo, y Fran Mérida, otro centrocampista llegador con ADN Barça. Los intangibles que desprende el Arsenal junto a la calidad de sus grandes activos aseguran un equipo capaz de competir aunque debe ser más consistente en los partidos clave. El regreso de Van Persie, en abril, será un factor diferencial.

El Arsenal está obligado a preguntarse si es suficiente con dar espectáculo sin ganar títulos en los próximos años. En este sentido el futuro del máximo accionista Stan Kroenke marcará el devenir del club. El estadounidense está muy cerca del 29,99 %, un nuevo escenario que le obligaría, por ley, a hacer una oferta de compra por el club. Mantener algunos referentes como Cesc debería ser uno de los objetivos más inmediatos, pero el club aún genera menos ingresos que sus grandes rivales. Sus dos grandes patrocinadores son Nike y Emirates con 33 millones de dólares al año, mientras, el Manchester genera 60,8, casi el doble con Nike y AIG.

Habrá que ver ahora quién se mueve mejor en el contexto de crisis que azota la Premier. Con deudas históricas de Manchester, Chelsea y Liverpool, apuesten por la gestión del Arsenal, un ejemplo de club moderno. Fiel a sí mismo, que conoce sus debilidades –las respeta– y saca réditos a sus máximos activos.

Dídac Peyret

Publicado en El Periódico el 25/1/2010


Con 13 años, y un total de 4.759 días en el cargo, supera a George Allison dueño del banquillo ‘Gunner’ desde 1934 hasta 1947

Día histórico para el Arsenal. Arsene Wenger cumple hoy 4.759 días al frente del equipo, lo que le convierte en el técnico más longevo de la historia del club. El francés, que llegó al banquillo de Highbury en 1996, ha superado la marca George Allison técnico de los ‘Gunners’ entre 1934 y 1947.

Un semidesconocido Arsene Wenger llegó al Arsenal el 1 de octubre de 1996 procedente del Nagoya Grampus Eigh japonés. Pocos se podían imaginar que aquel técnico con discreto currículum -previamente sólo había dirigido a Monaco y Nancy- acabaría convirtiéndose, seguramente, en el mejor manager de la historia ‘Gunner’. Once días después de tomar el cargo debutaba con victoria 0-2 en Ewood Park ante el Blackburn Rovers con doblete de otro mito de la entidad, Ian Wright. Unos meses más tarde, el Arsenal cerraba la campaña conquistando la Premier League y la FA Cup.

Arsene Wenger se hizo cargo del Arsenal el 1 de octubre de 1996

Wenger ha llevado la modernidad y la estabilidad a un club, que pese a ser seguramente el tercer más grande de Inglaterra por detrás de Liverpool y Manchester United, siempre ha destacado por su larga lista de despropósitos, inmortalizados por el célebre escritor Nick Hornby en su gran obra Fever Pitch (Fiebre en las Gradas, 1992). Bajó el balón al césped, europeizó el juego del equipo y apostó firmemente por los jóvenes talentos, independientemente de su nacionalidad. El Arsenal he llegado a jugar un buen número de partidos sin ningún inglés en sus filas.

Licenciado en Económicas por la Universiadad de Estrasburgo y Doctor Honorario de la Universidad de Hertfordshire, Arsene Wenger rompe con el tópico del típico entrenador de fútbol por sus inquietudes extradeportivas. Sus formas, su inteligencia, pero sobretodo sus éxitos y la implicación con el club, han llevado al francés a tener un crédito casi ilimitado por los dirigentes y seguidores ‘Gunners’. Tres Premiers, tantas como en los veinte años previos a su llegada, cuatro FA Cups -dos en forma de doblete-, cuatro Cummunity Shields y dos finales europeas perdidas, una de la UEFA ante el Galatasaray y una de Champions League contra el Barcelona, le avalan. Pero si algo más allá de los números hace creer en el técnico de Estrasburgo, es su eterno proyecto deportivo, que más allá de los resultados, siempre es apasionante por su apuesta por el buen juego y la juventud. Algo que sólo se concibe en un club como el Arsenal. Así puede que se entiendan sus continuos “no” al Real Madrid.

Los ‘Gunners’ cierran la renovación de cuatro de los pilares del equipo que conquistó la FA Youth Cup

El club londinense ha cerrado un contrato profesional con los defensas Luke Ayling, Craig Eastmond y Cedric Evina, y el portero James Shea. Todos, excepto el francés Evina, son ingleses y un fiel reflejo de la nueva actitud de Arsene Wenger hacia los jugadores autóctonos tras años de invasiones extranjeras al norte de Londres. En los últimos años el técnico ya apostó fuerte por un joven desconocido llamado Theo Walcott y la pasada temporada confió, en los momentos más decisivos, con el lateral Kieran Gibbs.

Por otro lado, Wenger ha descartado a otros ocho jugadores del equipo de jóvenes entre los que destaca el internacional sub’21 portugués, Amaury Bischoff, que había llegado a debutar con el primer equipo.

El recital del Fútbol Club Barcelona ayer en el Santiago Bernabéu sirvió para sentenciar la Liga española a favor del equipo que mejor juego realiza en Europa. Para acabar con el bochornoso y ridículo espectáculo de nuestros compañeros en la prensa de Madrid de las últimas semanas. Para que el conjunto blanco abriera los ojos ante una realidad ineludible camuflada detrás de dos títulos ligueros. Pero sobretodo, también, para reivindicar la figura de unos de los mejores futbolistas de la última década, menospreciado injustamente en ‘Can Barça’: Thierry Henry.

Henry supera a Iker Casillas en el cuarto gol del Barça en el 2-6 del Bernabéu

El francés llegó al Camp Nou en el peor momento posible,  cuando ni el propio Barcelona era consciente del estado crítico de un  proyecto triunfal que venía de un año en blanco considerado un accidente por la “autocomplacencia” de todos. Pero Henry llegó para salvar lo insalvable. El equipo de Frank Rijkaard había tocado fondo y el ex del Arsenal se convirtió en uno de los blancos de la ira de la culerada, entre otros motivos, por ser el capricho de un Joan Laporta que vivía sus horas más bajas al frente del club.

Es cierto que ‘Tití’ no llegó en un buen estado físico tras meses parado por una lesión. Pero tampoco ayudó en su recuperación encontrarse con un equipo viciado por una poca ética de trabajo que le impidió recuperar el tono. Encajonado en la izquierda, en un equipo sin verticalidad ni profundidad y lejos de encontrase bien consigo mismo, vivió uno de los peores años de su carrera y las constantes comparaciones con “el Henry del Arsenal” acabaron para hundir a un jugador que sólo estuvo al nivel medio del equipo, y que marcó 19 goles…

Considerado el mejor en la historia del Arsenal

Henry le debe tanto a Pep Guardiola como a Arsene Wenger. Cuando todos clamaban por su traspaso, el flamante técnico azulgrana confió en sus posibilidades, y, pese a no cumplir su promesa de ubicarlo en punta de ataque tras decidir quedarse con Samuel Eto’o, el francés no le ha fallado. Ha demostrado que en buena forma y rodeado de un equipo que funciona es uno de los delanteros más determinantes de Europa. Cerca de cumplir los 32, ‘Tití’ no tiene la velocidad “de el del Arsenal” pero le sobra calidad, inteligencia y definición para seguir logrando goles decisivos. Y van 26 en lo que va de temporada.

No por casualidad, el galo es considerado por muchos ‘supporters gunners’ el mejor jugador de la historia del club, por delante de leyendas  de la relevancia de Tony Adams, Ian Wright, Liam Brady o David Rocastle. Sus números con los londinenses asustan y sirven para ejemplificar el impacto de ‘Tití’ con datos irrefutables más allá de la indescriptible plasticidad de sus goles. Henry es el máximo goleador de la historia del club con 226 tantos, y el tercer máximo de la Premier por detrás de Alan Shearer (260) y Andy Cole (174), pero con la particularidad de ser el único capaz de lograrlos todos con una misma camiseta. El francés ganó, entre otros títulos, las Ligas de 1998, 2002 y 2004 y si no consiguió nunca el Balón de Oro fue porqué la mejor época de los  Arsene Wenger no se prodigó por Europa.

Henry besa el césped de Highbury en el último partido del Arsenal en el viejo estadio londinense

Quizá muchos de los que halagaban a Henry en verano de 2007 y han pasado casi dos años criticándole por su supuesto bajo rendimiento y sus formas sobre el terreno de juego no le habían visto demasiado jugar en el Arsenal. La autosuficiencia, la sensación de jugar al trote y no meter nunca la pierna que tanto les desesperó son las señas de identidad de un jugador sabedor de sus cualidades y que con las cosas en su sitio ha demostrado que sigue siendo determinante y una pieza fundamental para comprender el éxito del Barça de Guardiola, Messi, Xavi, Iniesta y compañía. Ahora, además de reconocerle los méritos, por favor, discúlpense con Thierry Henry.

 

 

A Arsene Wenger se le pueden reprochar muy pocas cosas. Durante más de una década el manager francés ha llevado al Arsenal de ser una medianía con fama de pupas yesporádicas apariciones en la elite, a codearse con los históricamente grandes del fútbol inglés. Tres títulos de la Premier, cuatro de la FA Cup, una final de la Liga de Campeones y otra de la Copa de la UEFA son sólo una pequeña muestra de su trabajo en el club afincado históricamente en el desaparecido Highbury. Pero su labor se he extendido más allá, el club ha crecido y se ha modernizado hasta el punto de tener que dejar su hogar de toda la vida para trasladarse al espectacular Emirates Stadium y su particular filosofía ha convertido a los ‘gunners’ en uno de los equipos más interesantes para los buenos aficionados del fútbol que no paran de descubrir nuevos talentos bajo la camiseta roja. Y esto por no hablar de la capacidad para recupera estrellas que habían perdido en norte como Thierry Henry en la Juventus y Patrick Vieria en el Milan…

Pero hubo un día en que el sabio francés dejó de lado sus creencias y se la jugó para llevarse a Londres un joven jugador español que despuntaba en el Sevilla por su calidad, velocidad y descaro. Un talento que no pudo frenar ni el mismísimo Carles Puyol. Se trataba de José Antonio Reyes, por el que Wenger pagó al club de Nervión unos 35 millones de euros. El utrerano había debutado en la máxima categoría española con sólo 16 años la temporada 1999-2000, y en enero de 2003 abandonaba el club de toda su vida para recalar en Londres.

Reyes jugó dos temporadas y media en el Arsenal donde dejó destellos de su gran calidad, 16 goles (entre ellos uno fundamental en cuartos de final de la Champions ante el Chelsea) y el dudoso honor de ser el segundo jugador expulsado en la historia de las finales de la FA Cup tras Kevin Moran. Pero su aportación estuvo muy lejos de lo esperado, especialmente por los problemas de adaptación fruto del idioma y de las particulares y arraigadas raíces familiares. El jugador nunca escondió su malestar en la capital británica y su deseo de volver a España donde lejos de reencontrase con su mejor nivel ha pasado con más pena que gloria por Real y Atlético de Madrid, antes de recalar en el Benfica portugués, por su controvertida vida fuera de los terrenos de juego.

Pese a todo, a José Antonio Reyes le queda el honor de ser el primer jugador español en conquistar la Premier League inglesa en la temporada 2003-04, de haber ganado un torneo con la historia de la FA Cup en 2005 y de haber llevado al Arsenal a la final de la Liga de Campeones de París, en la que cayó ante el Barça. Wenger apostó por él y falló, pero ya se sabe que incluso los genios se equivocan…